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San Juan Bosco: del sueño a la realidad de un testigo y maestro del amor de Dios (Fiesta, 31 de enero)

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San Juan Bosco, el padre, maestro y amigo de los jóvenes, el apóstol del amor, la ternura y ardor evangelizador. Una vida consagrada a hacer de los jóvenes y de todos buenos cristianos y honrados ciudadanos no con golpes sino con amor.

El 31 de enero es la memoria litúrgica obligatoria de San Juan Bosco, uno de los grandes santos de las dos últimas centurias. Su figura, mensaje y legado es recogido y sintetizado en la oración pública oficial de la Iglesia con esta plegaria para la liturgia de las horas y la eucaristía: “Señor Dios nuestro, que has dado a la Iglesia, en el presbítero San Juan Bosco, un padre y un maestro de la juventud, concédenos que, movidos por un amor semejante al suyo, nos entreguemos a tu servicio, trabajando por la salvación de nuestros hermanos”.

Su madre, quizás pronto en los altares

La fiesta de San Juan Bosco llega además con la buena noticia de que prosigue a buen ritmo el proceso de canonización de su madre, Margarita Ochienna, quien en 2006 era declarada venerable, es decir, de quien se acaban de reconocer por parte de la Iglesia la heroicidad de sus virtudes.

Como afirmara Benedicto XVI en este acto público de este reconocimiento, la venerable Margarita Ochienna fue “madre heroica, educadora sabia y consejera del carisma salesiano”. De hecho, Margarita, ya mayor, dejó el pueblo y se fue a vivir a Turín para colaborar con su hijo y hacer también de madre de los muchachos pobres atendidos por él. Madre e hijo levantaron la primera casa salesiana.

Un sueño de infancia

¿Quién fue y quién este es santo italiano, tan atractivo, tan popular, tan siempre juvenil como San Juan Bosco? Nació en Castelnuovo, en el Piamonte, junto a Turín, en el noroeste de Italia, el 16 de agosto de 1815. Fue bautizado con los nombres de Giovanni Melchior Bosco Ochienna. Cuando tan solo tenía dos años falleció su padre, Francesco Bosco, a los 37 años. Juan Bosco vivió, de este modo, una infancia dura y precaria. Pasó sus primeros años trabajando como pastor de ovejas y recibió la primera educación de manos del sacerdote de su parroquia. A pesar de su deseo de aprender, la carestía económica en que vivía su familia le obligó a dejar la escuela.

A los 9 años tuvo un sueño relevador, que él contaría tiempo después. En el sueño estaba rodeado de niños que se peleaban entre sí y se insultaban, mientras él trataba de calmarlos y poner paz, primero con gritos y después con golpes. Súbitamente se le apareció Jesús y le dijo: “¡No con golpes, sino con amor y mansedumbre deberás ganarte a estos tus amigos!… Hazte fuerte, humilde y robusto, y a su tiempo lo entenderás todo”. En el sueño, Jesús le indicó también que su maestra sería la Virgen María, quien apareció al instante y le dijo: “Toma tu cayado de pastor y guía a tus ovejas”.

A los 17 años, en 1835, entró en el seminario y seis años después fue ordenado sacerdote, siendo trasladado a Turín. Servía en la pastoral penitenciaria y parroquial. Y los jóvenes marginados le “robaron” el corazón. Su vida sería desde entonces y hasta su muerte en Turín el 31 de enero de 1888 un servicio incondicional a la educación humana y cristiana de los jóvenes, para quien, tras veinte años de pasos e iniciativas previas, fundó en 1874, con la aprobación del Papa Pío IX, la Congregación Salesiana -en honor de San Francisco de Sales-, también llamada Sociedad Don Bosco.

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El carisma de Don Bosco

¿Cuál fue y es el carisma salesiano? Una vez ordenado sacerdote, Juan Bosco -como queda ya indicado- empleó todas sus energías en la educación de los niños u de los jóvenes e instituyó Congregaciones y Oratorios destinadas a enseñarles oficios distintos y formarlos en la vida cristiana. Esta Congregaciones, que pronto será Institutos Religiosos y Asociaciones laicales, que agrupan ahora bajo el carisma y la denominación de la Familia Salesiana. La devoción a la Virgen María, bajo el título de María Auxiliadora, fue una de las constantes y características de su vida.

Don Bosco fue el creador en Europa de la Formación Profesional y de numerosos talleres de artes gráficas, carpintería, zapatería. En plena revolución industrial y mientras cundía una juventud pobre, marginada y sin derechos, él mismo se encargó también de mediar en los primeros contratos laborales entre aprendiz y artesano de manera que Don Bosco en la educación del joven y el empresario en el enseñarle, darle trabajo y alojarlo.

El secreto de la vida y de la obra de Juan Bosco fue trabajar siempre con amor, un amor transido de ternura, paciencia, dulzura, cercanía, firmeza y comprensión. “Es más fácil -subrayaba- enojarse que aguatar, amenazar al niño que persuadirlo; añadiré, incluso, que para, nuestra impaciencia y soberbia, resulta más cómodo castigar a los rebeldes que corregirlos, soportándoles con firmeza y suavidad a la vez… No con golpes, con amor, con amor”, repetía, mansos y humildes de corazón. Sin ira porque son nuestros hijos.

La metodología educativa y pastoral de Don Bosco constituye el llamado “sistema preventivo”. Esto es, jamás se ha de reprender en público, jamás se ha de castigar. Hay que hablar con el niño o con el joven en privado, haciéndole ver, con afecto, que su actitud ha de mejorar. El estudio y el trabajo se han de impulsar inculcando el sentido del deber, apreciando siempre hasta el más mínimo esfuerzo, incentivando el desarrollo de la inteligencia, fortaleciendo la voluntad, templando el carácter.

Su lema y su aspiración hacia los muchachos era hacerlos “buenos cristianos y honrados ciudadanos”, proponiéndole la búsqueda de la virtud y de la santidad cristiana a través de la vida cotidiana, en fidelidad a Dios y desde la alegría del deber cumplido. En ello, Don Bosco se inspiraba en San Francisco de Sales, quien fue su modelo para el trato bondadoso con los niños y jóvenes. San Juan Bosco atraía a los muchachos por su amor, por su ejemplo, por la predicación y catequesis y hasta por el arte y el ejercicio de la magia, de la que estuvo proverbialmente dotado.

Intercesor y modelo

La liturgia de la Iglesia, en esta fiesta de hoy de San Juan Bosco, nos invita a orar para todos los miembros de la Iglesia, a ejemplo y por intercesión suya, trabajemos con los niños y con los jóvenes con celo infatigable y con amor ardiente, entregándonos y sirviendo a los hermanos con fidelidad y con amor. Pocos sectores pastorales están más urgidos y necesitados en toda nuestra Iglesia como la infancia y la juventud. Nos jugamos el futuro. San Juan Bosco es padre y maestro de cómo servirles y evangelizarles. No con golpes, ni voces ni impaciencia, con amor, con amor. A él, a San Juan Bosco, encomendamos los niños, los jóvenes, los educadores y todos los miembros de la Iglesia.

El 2 de junio de 1929 fue beatificado por el Papa Pío XI, quien cinco años después, el 1 de abril de 1934, lo proclamó santo. San Juan Bosco es el patrono de la pastoral juvenil y de los magos e ilusionistas. Incluso el mundo del cine lo tiene asimismo por patrono como lo prueba el hecho, por ejemplo, de que los premios “Goyas” de la Academia cinematográfica de España se entreguen todos los años en el entorno de su fiesta litúrgica.

San Juan Bosco está presente en la Iglesia a través de más de dos mil comunidades e instituciones salesianas en 127 países. El número de religiosos se sitúa en torno a los 16.000. Cerca de medio millón de jóvenes asisten a Oratorios y Centros Juveniles Salesianos y un millón son educados en colegios de la Congregación.

San Juan Bosco fundó las tres ramas de la familia salesiana: la Sociedad de San Francisco de Sales, las Hijas de María Auxiliadora y la laical Asociación de Salesianos Cooperadores.

Jesús de las Heras Muela

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