Inicio Cultura No nos olvidemos de la memoria por Enrique Pallarés Molíns

No nos olvidemos de la memoria por Enrique Pallarés Molíns

0

No nos olvidemos de la memoria por Enrique Pallarés Molíns

Doctor en Psicología. Profesor emérito de la Universidad de Deusto

EL CORREO. Viernes, 6 de septiembre. página 27.

Se atribuye a Marcelino Menéndez Pelayo esta frase: «la memoria es la inteligencia de los tontos». Dudo que Menéndez Pelayo sea su autor o, si lo es, estoy seguro de que la dijo o escribió con un sentido muy concreto, y no para denigrar la memoria. Sin una buena memoria resultaría inexplicable la ingente y erudita obra de don Marcelino, sobre todo en su tiempo, lejos de la era digital, cuando era necesario confiar de forma especial en la propia memoria.

La actitud hacia la memoria ha seguido un curso pendular y de ambigüedades. Es cierto que la memoria es una función compleja y que sería más correcto hablar de ‘memorias’ en plural que de ‘memoria’ en singular. Durante siglos se basó el aprendizaje en la memoria, y los tratados sobre la ‘ars memoriae’ eran muy estimados y utilizados. En la actualidad, sin embargo, algunos la quieren desterrar del aula y evitar todo lo que sea aprender ‘de memoria’. No goza de buena fama la memoria en algunos ambientes educativos. «¡Lo que tiene es solo buena memoria!», se afirma para rebajar los logros académicos de un estudiante. Es la memoria contrapuesta a inteligencia. Por otra parte, perder la memoria es uno de los máximos temores que surgen con la edad, y el estado funcional de la memoria se considera un índice fundamental del funcionamiento cognitivo y de la capacidad adaptativa de la persona.

La correcta comprensión de lo que se intenta aprender es la mejor estrategia de la memoria. «La memoria es indisociable del pensar. El arte de recordar es el arte de pensar», decía el reconocido psicólogo norteamericano William James. No es correcto, pues, crear o mantener un conflicto entre memorizar y razonar. Memoria y razonamiento no se oponen, sino que se necesitan y complementan.

Es cierto que no se ha de sobrecargar la memoria –ni el aguante– de los estudiantes con informaciones innecesarias o poco importantes. El aprender de memoria la lista de los reyes godos o de los faraones de Egipto pertenece a otros tiempos. Pero evitar aprender ‘de memoria’ los datos e informaciones más relevantes (nombres, fechas, fórmulas, definiciones…), podría resultar muy negativo para la buena formación del estudiante. Conviene evitar la memorización indiscriminada, pero también el no retener con exactitud las informaciones fundamentales de cada materia y las que pertenecen al conocimiento o cultura general.

El que «total, luego se olvida» no justifica el no esforzarse en aprenderlos, por lo menos en alguna ocasión. Muchas de las informaciones que aprendimos en la escuela y durante el bachillerato ahora no podríamos repetirlas. Pero al ‘evaporarse’ dejaron un ‘poso’ que fue estructurando nuestra mente. Queda un eco y huella, que se puede fácilmente revivir, y que sirve también de guía para aprender nuevos conocimientos. No podemos juzgar la utilidad de la memoria solo por lo que ahora recordamos literal y espontáneamente.

La extraordinaria accesibilidad en internet de informaciones de todo tipo no es una buena razón para ‘jubilar’ la memoria. Abandonaríamos rápidamente la consulta de un médico que, al indicarle un dolor en la zona abdominal, tiene que acudir a su tableta u ordenador para saber qué órganos se alojan en esa zona, y después continuar la consulta, también en la tableta o en el ordenador, sobre los posibles problemas de esos órganos, etc. Es más, dudo que se pueda realizar una búsqueda inteligente y fructuosa en internet sin pasar por la experiencia de haber retenido alguna vez la información más relevante de la materia.

En la mitología griega Mnemosine es la diosa de la memoria y también la madre de las musas, patronas e inspiradoras de las artes y las ciencias. Como dice la que fue profesora de la Universidad de Londres, Frances Yates, en su documentadísimo libro sobre la historia de la memoria, no puede haber enfrentamiento entre la madre y las hijas. Porque la función principal de la memoria no es ser el almacén del pasado, sino la base para construir el futuro.  En la toma de decisiones más elemental, el recuerdo de la experiencia pasada resulta clave. Lo mismo en un debate o diálogo, la agilidad para ofrecer el dato preciso en el momento oportuno. Y, por supuesto, en la práctica profesional.

Dice Luis Buñuel, al comienzo de sus memorias: «Hay que haber comenzado a perder la memoria, aunque sea sólo a retazos, para darse cuenta de que esta memoria es lo que constituye toda nuestra vida. Una vida sin memoria no sería vida… Nuestra memoria es nuestra coherencia, nuestra razón, nuestra acción, nuestro sentimiento. Sin ella no somos nada». Nada.

 

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí