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Homilía para el Viernes Santo: En la escuela de la Cruz

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Homilía para el Viernes Santo: En la escuela de la Cruz

“No me bajo de la cruz, sino que me sitúo  y permanezco ante ella de un modo nuevo“ (Benedicto XVI, 27-2-2013). Y el Papa Francisco, en su primera homilía, cuando apenas habían pasado veinticuatro horas de su elección pontificia, recordó que ya podemos ser laicos, consagrados, sacerdotes, obispos, cardenales e incluso Papa, que si no seguimos a Cristo Crucificado, podremos ser lo anterior, pero auténticos y fecundos seguidores de Jesucristo. La cruz –nos dijo el Papa Francisco el 19 de marzo, en la misa del inicio solemne de su pontificado- es la cumbre luminosa del servicio eclesial y del único amor que transforma la vida, las personas, la humanidad y la Iglesia.

El Triduo Pascual es un tríptico con tres tablas, centradas, unidas, abrazadas por la cruz gloriosa de Nuestro Señor Jesucristo. La Última Cena y el sepulcro abierto y florecido son las otras dos tablas de este inefable e irrepetible tríptico de amor. “Cristo, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo, escribe el evangelista San Juan. “Nadie tiene más amor que el que da la vida por sus amigos… Vosotros sois mis amigos”. El tríptico de la Pascua es el tríptico del amor, cuyo signo invencible es la cruz.

Si ayer aprendíamos en el Cenáculo, en la Cena –en la Eucaristía- diez actitudes capitales para la vida cristiana, hoy en el Calvario hallaremos la ciencia de la vida, el libro abierto del amor, la cátedra de la verdadera sabiduría. . La cruz es la gran escuela del amor y la sabiduría de un Dios clavado y abierto: “¿Pero cómo, clavado, enseñas tanto?/ Debe ser que siempre estás abierto, ¡Oh Cristo, Oh ciencia eterna, Oh libro santo!” (Lope de Vega).

En la cruz, escribió Santo Tomás de Aquino, se nos dan «ejemplos de todas las virtudes: amor, paciencia, humildad, obediencia, desapego de las cosas materiales». La cruz es la clave del evangelio, la llave de la puerta santa del cielo. La cruz es aceptación, inmolación, entrega, ofrenda. Es paz. Es respuesta de amor. Es sabiduría: «Porque para entrar en estas riquezas de la sabiduría de Dios- escribe fray Juan de la Cruz-, la puerta es la cruz, que es angosta. Y desear pasar por ella es cosa de pocos».

Pero, con todo, la cruz cuesta y repele. La cruz, escándalo, necedad, burla e indecible suplicio para griegos, judíos y paganos, sigue siendo también para nosotros los cristianos un misterio. Un misterio iluminado. Pero, al fin y al cabo, un misterio.

 

He aquí, por todo ello, diez actitudes, diez estilos, diez lecciones que hemos de aprender y de vivir en la escuela santa de la santa cruz:

 

1.- Una actitud de respeto, de veneración y de amor. La Santa Cruz es la señal de los cristianos. Porque en ella –decían los viejos y siempre necesarios catecismos- murió por nosotros Nuestro Señor Jesucristo. Con la liturgia hemos de decir, de proclamar, de sentir y de vivir –aun desde el misterio: “¡Tu cruz adoramos, Señor, y tu santa resurrección glorificamos! Por el madero ha venido la alegría al mundo entero! «Oh cruz fiel, árbol único en nobleza. Jamás el bosque dio mejor tributo en hoja, en flor y en fruto. ¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol donde la Vida empieza con un peso tan dulce en su corteza. Cantemos la nobleza de esta guerra, el triunfo de la sangre y del madero; y un Redentor, que en trance de cordero, sacrificado en cruz, salvó la tierra». «¡Tu cruz, adoramos, Señor!»

 

2.- Una actitud de imitación a Jesucristo. Ser cristiano es ser discípulo de Jesucristo. Es conocer a Jesús, es amar a Jesús, es seguir a Jesús, es imitar a Jesús. Y el Jesús total, el Cristo global es el crucificado. No hay dicotomías en El. Es siempre el mismo. Es siempre el Niño de Belén, el adolescente de Nazaret, el joven de Galilea, el que anduvo por las aguas del lago de Tiberíades, el que predicó y enseñó como nunca nadie hasta entonces y después de entonces, el que realizó los más maravillosos signos y prodigios y el que crucificado, muerto y sepultado, resucitó para siempre y ascendió a los cielos. La cruz es Jesús, este Jesús Nuestro Señor, nuestro Dios, nuestro hermano, nuestro amigo, nuestro camino.

 

3.- Una actitud de solidaridad y de misericordia. De solidaridad con Jesucristo y de solidaridad con toda la humanidad doliente. El Calvario sigue presente –tan presente en nuestro mundo-, con tantos escenarios, con tanto dolor y sufrimiento. Basta que dirijamos nuestra mirada, por ejemplo en estos tan largos y duros años de crisis, hacia las interminables filas y listas del paro y de la pobreza. Basta con que nos pasemos por nuestros hospitales, por tantas residencias de ancianos. Basta con pensar en el Tercer Mundo. Cristo sigue clavado en la cruz en estos hermanos nuestros.

 

4.- Una actitud de verdadera sabiduría. La sombra de la cruz es siempre alargada para todos. Nadie se “libra” de ella, de su reflejo. No son otros, no son los otros quienes sufren. La cruz en cualquiera de sus expresiones planea sobre la vida de todos. De este modo, estaremos prevenidos. De este modo completaremos en nosotros lo que le falta a la Pasión de Cristo.

 

5.- Una actitud de humildad. La cruz nos “humilla”, nos golpea, nos duele, nos hiere. La cruz muestra la debilidad de nuestra condición humana. La cruz demuestra que no lo podemos todo, que no somos como dioses. La cruz nos iguala. La cruz nos deja desprovistos de tantas de nuestras seguridades, vanaglorias y grandezas. La cruz nos hace más humanos y más divinos si aprendemos su lección de humildad.

 

6.- Una actitud de paciencia. La cruz nos prueba, nos aquilata, nos purifica, nos sana. Pero cuesta. Y dura. Y permanece. La cruz es la es la forja, el yunque de las virtudes. Y la paciencia es una virtud capital para toda la vida y para todas las vidas.

 

7.- Una actitud de trascendencia. Miremos el palo vertical de la cruz, disparándose hacia el cielo. La cruz de Cristo nos recuerda que «hemos sido comprados, que hemos sido redimidos a precio no de oro o de plata corruptibles, sino en la sangre preciosa de Jesucristo». La cruz de Jesucristo testimonia que «no hay remisión sin efusión de sangre», «que hemos de tomar la cruz cada día», que el árbol de la cruz es el único que da frutos de salvación.

 

8.- Una actitud de nueva, de renovada humanidad, transida de caridad. Es el palo horizontal de la cruz: “Los brazos en abrazo hacia la tierra”. «El dio su vida por nosotros y nosotros debemos dar la vida por nuestros hermanos», afirma Pablo. Ya nos lo dijo el mismo Señor de la Cruz y de la Gloria: «en esto conocerán que sois discípulos en que os améis los unos a los otros como yo os he amado». ¡Y ya sabemos cómo nos ha amado El, crucificado! La dimensión horizontal es tan ineludible en la vida cristiana como el palo horizontal lo es en la cruz. El verdadero cristiano es el que ha descubierto que el amor de Dios, manifestado en Jesucristo, se encarna en los hombres y mujeres, especialmente en los más pobres y necesitados. Nuestro cristianismo será tanto más verdadero cuanto más solidario sea, cuanto más fraterno se manifieste, cuanto más atento esté al llanto y al ruego del hermano que sufre, que no es otra persona sino Jesucristo y éste crucificado.

 

9.- Una actitud de imitación de los santos. Los santos han sido a lo largo de los siglos los grandes amantes y los grandes descubridores de la cruz de Jesucristo. Y han sido, a su vez, los grandes defensores y promotores de la cruz de los necesitados. En el cristianismo no existen contraposición entre el amor a Dios y el servicio al prójimo. Es más, la prueba de nuestro amor a Dios, la certidumbre de nuestro amor a Jesucristo, es la caridad, es la acogida y el servicio a los hermanos.

 

10.- Y por todo ello, una actitud de acogida y de constante descubrimiento y redescubrimiento. La cruz es el árbol, el compendio de todas las virtudes, el resumen de los mandamientos. Recordemos, por ejemplo, los distintos títulos y nombres con que la religiosidad popular se aproxima y llama a la cruz, los títulos y los nombres de nuestros Cristos Crucificados. En ellos encontramos la mejor descripción y definición de la cruz. La cruz es camino, misericordia, esperanza, amparo, salud, consideración, fe, agonía, inspiración, guijarro, agua, perdón, milagro,  paz, serenidad, consuelo, fortaleza y victoria. La cruz es amor. Es el Amor.

 Jesús de las Heras Muela

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