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El don del sacerdote Félix Ochayta: in memoriam

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El don del sacerdote Félix Ochayta: in memoriam

 A primera hora de la noche del jueves 30 de agosto, falleció en el Hospital Universitario de Guadalajara, el sacerdote diocesano de Sigüenza-Guadalajara  Félix Ochayta Piñeiro.  El próximo 24 de septiembre habría cumplido 81 años.

Su funeral fue en la catedral de Sigüenza el sábado 1 de agosto. Concelebraron más de ochenta sacerdotes y presidió el obispo de la diócesis, acompañado por el arzobispo de Sevilla, seguntino de origen. Fue enterrado en el cementerio capitular de la catedral seguntina. Era, desde 1977, canónigo magistral de la catedral, de la que fue deán de 1990 a 2002.

Félix Ochayta era natural de Trillo. Estudió en el seminario de Sigüenza, en la Universidad Pontificia de Comillas y en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, con licenciaturas en Filosofía y en Teología Dogmática y diplomatura en Patrología. Perteneció a la Sociedad Mariológica y Mariana de España, de la que fue presidente de 1992 a 1995 y vicepresidente de 1995 a 1998. Fue autor de libros y artículos en distintas publicaciones. Fue un gran conocedor y divulgador de san Maximiliano María Kolbe y de santa Edith Stein.

Fue ordenado sacerdote en Comillas (Cantabria) el 11 de febrero de 1958. Su principal ministerio fue la formación sacerdotal: profesor de Teología Dogmática y de otras disciplinas en el seminario diocesano durante casi medio siglo, fue también formador y prefecto de Estudios de este mismo centro, del que fue rector de 1970 a 1992. Fue también profesor de la Escuela de Teología de Guadalajara. Era prelado de honor del Papa, desde 1993 y fue rector del santuario de la Virgen de la Salud de Barbatona y abad de su cofradía entre 1994 y 2013.

Lo que hay detrás y dentro de su biografía

Esta es su biografía, ya de por sí bastante fecunda y repleta. Pero este obituario me resultaría insuficiente sin alguna palabra más. La idea me la brindó, en su funeral, su primo sacerdote, Jesús Ochayta Mayoral, expárroco de San Nicolás el Real de Guadalajara. Al final de la misa, en una breve, entrañable y enjundiosa intervención, nos confesó que Félix había sido un don para su familia y que pensaba que había sido también un don para nuestra diócesis.

Y, sí, claro que lo fue. El don de Félix Ochayta (de don Félix) fue el de su magnífica formación intelectual  y acendrada piedad puestas al servicio de los demás, en especial, de los seminaristas y de los sacerdotes. El don de don Félix fue su inteligencia y su sensatez. Fue cura de corte “clásico”, tradicional, pero no “casposo”, ni anclado en las nostalgias… Fue persona de firmes convicciones. Fue sacerdote de comunión, de buen criterio y de buen consejo. Su don fue asimismo el don de la palabra, de la precisión y de la fidelidad. Era serio, tímido e introvertido. No abundaba a primera vista en cordialidades, pero tenía un corazón grande y un alma de niño. Y amaba entrañablemente a la Madre María y a la Santa Madre Iglesia. Descanse en paz. Gracias, don Félix.

Jesús de las Heras Muela

Artículo y fotografía publicados en NUEVA ALCARRIA de fecha 7 de agosto de 2015

1 COMENTARIO

  1. saludos, soy Hortensia, cubana. Tuve el privilegio de conocer al padre Félix en ocasión de la Jornada Mundial de encuentro con el papa Juan Pablo II, en Chestocowa, Polonia y a partir de entonces comenzamos una linda amistad que pasó a ser disfrutada también por mi familia. Desde el año 1991 hasta acá hay en nuestro recuerdo sentidas y profundas correspondencias y una cercanía sincera y muy especial para con nosotros, de lo cual fue muy especial en momentos claves de nuestras historia de vidas. nunca mas nos encontramos y hace algunos pocos años habíamos perdido contacto con nuestro entrañable amigo debido a dificultades de comunicación. Queríamos saber… Hoy al tener la oportunidad de acceder a Internet he buscado y encontré la noticia de su fallecimiento. Me ha inundado un sentido dolor que luego compartiré con el resto de mi familia pero queda en mi, la satisfacción de haber conocido un gran sacerdote y amigo, de una vocación firme, una sabiduría grandiosa y una devoción mariana muy singular. me permitió abrirme al mundo de grandes hombres y mujeres como Edith Stein y S.maxilmiliano Kolbe y a sus procesos de historia, con el Padre Félix pude acercarme mas a la grandeza de Santa Teresa y San Juan de la Cruz, el otro delegado cubano, Joel y yo, dormimos en su casa, conocimos Siguenza y compartimos dos días hermosas jornadas.
    El artículo es muy interesante y recoge muy sintetizadamente su obra de vida y sacerdocio. Descanse en paz Padre Félix, mi oración constante y mi agradecimiento eterno por haberlo conocido.
    POR FAVOR, si pudiera intercambiar con algún familiar o amigos del P. Félix, estaría sensiblemente agradecida, como el acceso a Internet es muy limitado para mi, pudiera ser a través del correo eléctrónico hestrada@planm.occ.co.cu
    Muchas gracias, Hortensia. Cuba

    habíamos perdido contacto co

      • Por cierto, Hortensia, el autor de la reseña soy yo, Jesús de las Heras Muela, el director de ECCLESIA.Quiero recordar que enero de 1998, con ocasión de la visita del Papa Juan Pablo II a Cuba, os llevé un sobre que me dio para vosotros.

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