Discurso del Papa Francisco a los Guardias Suizos

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Discurso del Papa Francisco a los Guardias Suizos

Ayer fue su fiesta y estoy contento de encontrarlos y de festejar con ustedes, también para expresar mi aprecio y mi gratitud por su servicio, su disponibilidad y su fidelidad a la Santa Sede. Dirijo un particular saludo a los Reclutas y a sus familiares, como también a los Representantes de las Autoridades suizas aquí presentes. Es bello ver a jóvenes, como ustedes, que dedican algunos años de su vida a la Iglesia, particularmente al Sucesor de Pedro: es una ocasión única para crecer en la fe, para experimentar la universalidad de la Iglesia, para hacer una experiencia de fraternidad.

Crecer en la fe. Están llamados a vivir su trabajo como una misión que el Señor mismo les confía; a tomar el tiempo que transcurrirán aquí en Roma, en el corazón de la cristiandad, como oportunidad para profundizar la amistad con Jesús y caminar hacia la meta de toda verdadera vida cristiana: la santidad. Por eso, los invito a alimentar su espíritu con la oración y la escucha de la Palabra de Dios; a participar con devoción en la Santa Misa y a cultivar una filial devoción a la Virgen María, y así realizar su peculiar misión, trabajando cada día “acriter et fideliter”, con valentía y fidelidad.

Experimentar la universalidad de la Iglesia. Las tumbas de los Apóstoles y la sede del Obispo de Roma son la encrucijada de peregrinos que provienen de todo el mundo. Ustedes tienen así la posibilidad de tocar de cerca la maternidad de la Iglesia que acoge en sí, en la propia unidad, la diversidad de tantos pueblos. Pueden encontrar personas de diversas lenguas, tradiciones y culturas, pero que se sienten hermanos porque están unidos en la fe en Jesucristo. Les hará bien descubrir su testimonio cristiano y ofrecer, al mismo tiempo, un sereno y gozoso testimonio evangélico.

Hacer  experiencia de fraternidad. También esto es importante: ser atentos los unos con los otros, para sostenerse en el trabajo cotidiano y para enriquecerse recíprocamente, acordándose siempre que «La felicidad está más en dar que en recibir» (Hech 20,35). Sepan valorizar la vida comunitaria, el compartir de los momentos buenos y aquellos más difíciles, dando atención a quien entre ustedes se encuentra en dificultad y a veces tiene necesidad de una sonrisa y de un gesto de estímulo y de amistad. Asumiendo esta actitud, serán favorecidos también en el enfrentar con diligencia y perseverancia las pequeñas y las grandes tareas del servicio cotidiano, testimoniando gentileza y espíritu de acogida, altruismo y humanidad hacia todos.

Queridos Guardias, les deseo vivir intensamente sus  jornadas, firmes en la fe y generosos en la caridad hacia las personas que encuentran. Les ayude  nuestra Madre María, que honramos de forma especial en el mes de mayo, a experimentar cada día más aquella comunión profunda con Dios, que para nosotros creyentes inicia en la tierra y será plena en el cielo. De hecho estamos llamados, como recuerda san Pablo, a ser «conciudadanos  de los santos y familiares de Dios» (Ef 2,19). Los confío, a ustedes, a sus familias, a sus  amigos y todos los que, con ocasión del juramento, han venido a Roma, a la intercesión de la Virgen, de sus Patronos,  san Martin y san Sebastián. Y les pido por favor rezar por mí, y de corazón les imparto la Bendición Apostólica.

(Traducción del italiano: Raúl Cabrera – Renato Martinez, Radio Vaticano)

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