Apóstoles para los jóvenes

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Apóstoles para los jóvenes

Queridos hermanos y hermanas:

Agradezco el afán de tantos sacerdotes, catequistas, maestros de Religión, familias y religiosos/as por suscitar vocaciones sacerdotales para nuestra Diócesis. Sé que es una preocupación que llena el pensamiento, el corazón y la oración de muchas personas que valoran la identidad y la misión del sacerdote en la Iglesia. Nuestra Diócesis cuenta con 10 chicos en el Seminario Menor de El Burgo de Osma y con dos jóvenes que están ya muy cerca de la Ordenación; es una gracia de Dios que en una provincia como la nuestra, donde no hay muchos niños y jóvenes, podamos contar con este número de seminaristas. Animo a seguir alentando la vocación al presbiterado desde la Delegación de pastoral vocacional y desde las parroquias sin olvidar que la mejor pastoral, estoy convencido de ello, serán unos sacerdotes entregados al Pueblo de Dios de forma ejemplar y unas familias cristianas en las que se vive la fe y se valora la figura del sacerdote.

 

Estoy seguro que más de una vez alguien ha preguntado a los sacerdotes los motivos que nos llevaron a ingresar en el Seminario; las respuestas pueden ser variadas según las circunstancias de cada uno. Pero hay una común a todos: en algún momento de nuestra vida sentimos que el Señor nos llamaba y no pudimos resistirnos a dicha llamada. Es la experiencia del profeta Jeremías: “Me sedujiste Señor, y me dejé seducir; has sido más fuerte que yo y me has podido” (Jer 20, 7). Dios sigue llamando al sacerdocio. Querido niño, querido joven: si alguna vez has sentido que Dios te llama no te quedes con la duda. Date la oportunidad de descubrir si es verdadera esa elección que Dios tiene sobre ti. No tengas miedo y asume los riesgos que ello conlleva. Pero no te quedes con la duda de saber si has respondido o no a lo que puede ser una vida plena y feliz.

 

Hay dos pistas que te pueden mostrar si realmente Dios te llama por el camino del sacerdocio: 1. la alegría y 2. la entrega al Pueblo de Dios.

 

  1. El Papa Francisco dirigió un discurso a los seminaristas, sacerdotes, religiosos y consagrados del norte de Perú en el que les invitaba a estar alegres y no caer en la tentación de la tristeza: “Me gusta subrayar que nuestra fe, nuestra vocación es memoriosa… Memoriosa porque sabe reconocer que ni la vida ni la fe ni la Iglesia comenzó con el nacimiento de ninguno de nosotros: la memoria mira al pasado para encontrar la savia que ha irrigado durante siglos el corazón de los discípulos y así reconoce el paso de Dios por la vida de su pueblo. Memoria de la promesa que hizo a nuestros padres y que, cuando sigue viva en medio nuestro, es causa de nuestra alegría y nos hace cantar: «El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres» (Sal 125, 3)” (21.01.2018).

 

  1. Y, por supuesto, el afán de servir al Pueblo de Dios. El sacerdote es aquél que no se busca a sí mismo sino que es el servidor de la comunidad. Nuestra vocación es una llamada a amar al Pueblo de Dios y a servirlo. Las palabras del Papa nos ayudan a reflexionar: “A aquellos que tengan que ocupar misiones en el servicio de la autoridad les pido, por favor, no se vuelvan autorreferenciales; traten de cuidar a sus hermanos, procuren que estén bien porque el bien se contagia. No caigamos en la trampa de una autoridad que se vuelva autoritarismo por olvidarse que, ante todo, es una misión de servicio”.

 

El lema para el Día del Seminario de este año es “Apóstoles para los jóvenes”. Está en consonancia con la Iglesia universal que prepara el Sínodo de los Obispos en su XV Asamblea General Ordinaria que tratará sobre los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional; tendrá lugar en octubre de 2018. Con este Sínodo la Iglesia quiere mostrar su preocupación por los jóvenes a los que quiere acompañar y cuidar sin excepción. Nuestra Diócesis ha participado en la fase de consulta a todo el Pueblo de Dios con el objetivo de recoger información sobre la condición de los jóvenes de hoy en los diversos contextos en que viven.

 

Los agentes de pastoral debemos acompañar a estos jóvenes, ser apóstoles para ellos, tomándonos en serio el desafío que supone el discernimiento vocacional en la etapa de la juventud. Para ello se necesita preparación y estar atentos al Espíritu. El acompañamiento no se improvisa de la noche a la mañana, requiere conocer muy bien los entresijos del proceso de crecimiento y maduración de las personas. No basta con dominar la teoría del discernimiento: para acompañar hay que escuchar bien, escucharse a uno mismo y saber escuchar a Dios que nos habla en su Palabra, en la oración y en los sacramentos.

 

Quiero dirigirme especialmente a las familias, a los padres, que sois figuras de referencia en la familia. Todos los padres queréis lo mejor para vuestros hijos: si alguno de ellos siente la llamada a entregarse como sacerdote ¡animadle! No le pongáis trabas. Es una gracia de Dios para el joven, al que hará inmensamente feliz, y también para toda su familia. Fiaos de Jesucristo que ha prometido el ciento por uno: “Todo el que por Mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, hijos o tierras, recibirá cien veces más y heredará la Vida eterna” (Mt 19, 29).

 

Con mi afecto y bendición.

 

 

 

X Abilio Martínez Varea

Obispo de Osma-Soria

 

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